diciembre 11, 2017 3 Tiempo de lectura

Hola lectores de Tubbies. Recibí muchos mensajes sobre las recomendaciones de libros. Seguramente pronto les volveré a escribir con más consejos de lectura, pero ahora quiero aprovechar este espacio para sugerirles un tema muy polémico que ha resonado por las redes sociales en las últimas semanas. Me gustaría muchísimo que nos hicieran llegar sus opiniones, también saben que este espacio es suyo y cualquiera que tenga una historia que contarnos puede escribir directamente al correo info@tubbies.mx



Hace unos días en Campeche apareció un letrero que prohibía la venta de boletos en una famosa cadena de cines a personas con bebés menores de tres años. Resulta ser que así lo estipula el reglamento de esa entidad, está prohibida la venta de boletos para el cine o el teatro a personas con bebés o en estado de ebriedad. Luego, luego, en las redes sociales aparecieron mensajes que celebraban la medida y pedían que se aplicara en todo el país. ¿En serio el comportamiento de un bebé es equiparable al de un borracho?

Yo sentí una gran indignación. La verdad es que antes de tener a Gabriel yo era de esas personas que se quejaban si venía un bebé en el camión, en el avión o en otros lugares. Pero estar del otro lado de la situación es completamente diferente. Cuando mi hijo era más pequeño, pasaron meses antes de que pudiera ir al cine a ver una película. Extrañaba mucho ese placer. Mi familia no vive cerca de mí y me resultaba muy difícil encontrar alguien con quien dejar al bebé, además de que estábamos súper apegados. Alguna vez, lo reconozco, entramos al cine con él, pero para mi buena suerte, Gabriel es un niño súper bien portado y nunca ha dado lata. Desde que tuvo 1 año y 5 meses lo llevamos a películas infantiles, en varias ocasiones se ha quedado dormido, otras las ha disfrutado enormemente. Por eso entiendo a los papás que llevan a sus hijos al cine.



Leí alguna vez la historia de una mujer que tuvo que hacer un viaje cruzando los Estados Unidos para ir al entierro de su suegro. Sus bebés mellizos tenían seis meses. Antes de subir al avión, ella preparó bolsitas con tapones de oídos y dulces para regalar a todos los pasajeros, para que no se molestaran con el llanto de los bebés que nunca habían subido a un avión. Todos se lo agradecieron y uno de los pasajeros le dijo: «no tendrías por qué hacerlo». Entonces me di cuenta de que era verdad, los bebés también son personas y sus malestares son igual de válidos que los de cualquier otro tripulante del avión.



Celebro enormemente que Gabriel sea un chico súper platicador e inteligente. Jamás voy a disculparme si su plática molesta a alguien en algún sitio. Si Gabriel quiere estar o ir a cualquier lugar, lo llevaré. También en Twitter, hace no mucho, la gente se quejaba de los niños en el supermercado. Yo no voy al súper sin Gabriel, nos divertimos, él se siente soñado cuando tiene oportunidad de llevar una especie de cesta con llantitas, la jala por todos los pasillos y muchas veces es él quien recuerda qué era lo que íbamos a comprar.

Cada vez son menos las personas que se deciden a tener uno o varios hijos. Está bien, lo importante es que respetemos las decisiones ajenas. No porque algunos tomen la determinación de no tener hijos pueden exigir que quienes los tenemos desaparezcamos de su vida. Coexistimos y los niños tienen todo el derecho de ir al súper y gritar y hacer berrinche; de correr por el parque o las plazas comerciales; de ir al cine a ver una película; de viajar en un avión para ir a pasear o de visita con familiares. ¿A poco esas personas que se quejan nunca fueron niños, o siempre fueron unos infantes impolutos que no molestaban a los demás? Así como algunas veces nos toca viajar con el tipo de junto que ronca, o como oímos la música de personas que llevan el volumen muy alto, los niños son personas y tiene los mismos derechos. Así también los tenemos sus padres y no se debería negar a nadie el derecho de ir al cine o de hacer algo que le produzca placer. Es mi muy humilde opinión.

Con cariño... Dana

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