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Cuando los consejos sobran

Hola comunidad Tubbies, los saluda nuevamente Rocío con gran gusto. Los administradores de esta página me han comentado que todo marcha viento en popa y tenemos muchos lectores. Además, recuerden que la invitación está abierta para que todos escriban. No tienen que ser expertos en nada, simplemente platicarnos algo que les guste sobre su experiencia como padres, o algún tema que les llame la atención, alguna anécdota padre que hayan vivido con sus hijos. El chiste es que sepan que éste es un espacio abierto a todos los que deseen expresarse.

Por ejemplo, ahora yo les quiero escribir sobre algo que estoy segura que todos hemos pasado: el incómodo momento en que tu mamá, tu tía o tu suegra te sale con los consejos para la crianza de tus hijos. Para empezar es muy molesto que la gente se ande entrometiendo en lo que haces o dejes de hacer, más si se trata de la educación de tus hijos. Pero luego es peor cuando viene de alguien de la familia porque no sabes ni qué hacer ni cómo responder. Y en muchos casos esos consejos son absurdos.



Recuerdo perfecto cuando mi primera hija era una bebé recién nacida. Me sucedió que no producía suficiente leche. Obvio, el pediatra me explicó que para que mi producción se estabilizara, lo mejor era darle la mayor cantidad de pecho posible a la bebé porque lo que estimula la producción es el contacto de la saliva del bebé en el pecho y que succione. Durante una reunión familiar, cuando saqué el biberón para complementar la toma de mi bebé que tenía dos semanas de nacida, mi tía pegó el grito en el cielo (de por sí ya me había reprochado que había salido de mi casa antes de que terminara mi «cuarentena»).

—¡Cómo le vas a dar mamila!
—Es que no tengo suficiente leche y en lo que se estabiliza, para que no pase hambre, le complemento con dos onzas de fórmula.
Y ahí la tía se arrancó con su discurso de que la fórmula era malísima, llena de cosas artificiales y que lo único que necesitaba la bebé era la leche de su mamá.
—Si no tienes suficiente leche te voy a dar un consejo buenísimo, tómate una cerveza antes de que le vayas a dar el pecho, y así vas a ver que te sale más.

Por supuesto que no lo hice, y cuando lo comenté con mi pediatra me dijo que es una leyenda popular, porque obviamente no funciona y aunque en bajas cantidades, la cerveza tiene alcohol y eso no es bueno para un bebé recién nacido.



Con mi segunda bebé pasó lo mismo. Tuvo un episodio de cólicos espantoso. El pediatra me explicó que seguramente se debían a que su estómago estaba inmaduro. Me dijo que pasarían como a los tres meses de mi hija. Pero mi suegra llegó un día con estrellas de anís, porque eran el remedio infalible contra los cólicos. Fue tal su insistencia, que se lo llegué a dar a mi chiquita. Ya después el doctor me explicó que obvio que el anís sirve, porque lo que hace es paralizar los intestinos y en el caso de un bebé puede resultar hasta mortal.

Después de estos dos incidentes he aprendido que la única persona en quien confío para tomar las decisiones sobre la salud de mis hijas es mi pediatra. Cuando mi mamá o mis tías o mi suegra me dan algún «consejo» o «recomendación», les dedico una bonita sonrisa y les digo que muchas gracias, que lo voy a pensar. Con mi mamá tuve más confianza y fui muy clara, le aclaré que yo confiaba en el doctor de mis hijas y que cuando necesitara ayuda, yo se la pediría. Ella lo tomó a bien, pero muchas veces no pasa eso y se ofenden, por eso lo mejor es sonreír.


Un par de veces he estado a punto de perder los estribos cuando gente que ni siquiera conozco se atreve a decirme algo. Me acuerdo muy bien una vez que mi hija en su carriola lloraba y una señora en el mercado me dijo:

—Tienes que cargarla, por eso llora —y cuando yo me negué a cargarla me respondió—: eres muy mala.

Con el tiempo he descubierto que hay gente muy metiche que cree tener respuestas para preguntas que ni se les hicieron. Ahora los ignoro y les he dicho muy claramente a mis hijas que cuando estas personas (que muchas veces son señoras mayores) les digan cosas, no hagan ningún caso. Mi recomendación final para otras mamás y papás es que consigan un doctor en quien confíen, si tienen que probar con varios, háganlo. Cuando ustedes lo crean conveniente, el consejo de nuestras mamás también es bueno, porque ellas nos criaron a nosotros, pero sólo cuando ustedes crean necesitarlo.